Una oración desde el infierno

Versión para ImprimirVersión para Imprimir

UNA ORACIÓN DESDE EL INFIERNO


por Holmes Moore y Danny Roten


"Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí,
y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua;
porque estoy atormentado en esta llama"
(Lucas 16:24).


     Nuestro Salvador nos relata la historia de dos hombres como nadie más podría hacerlo. Primero, nos relata un informe breve de sus vidas en la tierra. Uno es rico y disfruta los lujos del mundo, mientras que el otro es muy pobre y tiene que mendigar para poder sobrevivir. Entonces nuestro Señor nos relata la muerte de ambos. El rico es sepultado, sin duda, con mucho esmero y no poca lamentación. El mendigo también murió y solo tuvo una fosa común. Hasta este punto, tal vez, cualquier biógrafo podría contarnos. Pero, ¡el Salvador va más allá y nos muestra a estos mismos hombres en la eternidad! Jesucristo no fue forzado a parar en su relato como cualquier hombre, porque Él puede quitar el velo que separa la vida presente a la vida venidera y desplegar así su estado eternal.
     Esta es una historia de dos hombres que vivieron satisfechos: el mendigo, satisfecho con nada de este mundo, pero con Dios; el rico, satisfecho con todo de este mundo, pero sin Dios. Sin embargo, ¡tan pronto como murieron, la satisfacción del rico desapareció completamente! y en angustia clama en oración desde el fuego eterno. La Santa Biblia señala muchas oraciones. ¡Pero en este pasaje tenemos la única historia de una oración desde el infierno!

Las circunstancias de esta oración sirven para nuestra instrucción.

     Considera la oración del rico cuando miró de lejos el reino de Dios: "Y en el Infierno alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio..." (v.23). Como muchas otras personas, él no se daba cuenta de las realidades espirituales durante su vida. Tal vez no las había negado, pero por cierto las desconocía. La razón de este desconocimiento es que no había experimentado el nuevo nacimiento. Jesús dijo, "él que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Juan 3:3). En este mundo, una evidencia cierta del poder regenerador de Dios en la persona, es el conocimiento de verdades espirituales que le llevan a clamar a Dios. 
     Él oró fervorosamente, habiendo sentido su real necesidad: "estando en tormentos" (v.23). Durante el transcurso de su vida, oraba rutinariamente. Siendo hombre religioso, estaba familiarizado con un tipo de oración fría y formal, tanto en público como en privado. ¡Cosa blasfema es orar de esta manera, ya sean oraciones escritas o espontáneas! Pero ahora este mismo hombre ora con toda su fuerza, sin ayuda de un libro de oraciones. ¡Si hubiera orado tan fervorosamente mientras que vivió en la tierra, no habría llegado al lugar de tormento! 
     Oró en gran agonía de alma: "estando en tormentos...dando voces, dijo...." (vv.23-24). Nunca había experimentado tal agonía de alma antes, y por lo tanto, nunca había orado así. Algunos han conocido lo que es ser constreñido hasta experimentar tal oración dolorosa en esta vida. Ciertamente algunos pueden decir como el salmista: "Me rodearon ligaduras de muerte, Me encontraron las angustias del Seol; Angustia y dolor había yo hallado" (Salmo 116:3). ¡Oh! que todos experimentaran tal angustia y tristeza de corazón mientras viven aquí. La mayoría son muy satisfechos y cómodos orando como el rico lo hacía. ¡Qué triste es mirar a una persona no salva viviendo en paz y conforme sólo con las cosas de este mundo!
     ¡Tristemente notamos que él oró demasiado tarde! Anhelamos ver personas movidas por el conocimiento del reino de Dios, orando con fervor y dolor de alma. Esta oración deberá ser hecha mientras hay tiempo. Pues, tenemos que buscar "a Jehová mientras puede ser hallado" (Isa.55:6). Si no lo hacemos mientras vivimos aquí, será también una oración demasiado tarde.

Las peticiones de esta oración están escritas para nuestra corrección.

     Este hombre oró a la persona equivocada: "Padre Abraham" (v.24). Aun él que fue llamado "amigo de Dios" (Sant.2:23) y "padre de todos los creyentes" (Rom.4:11, 16) no es el objeto correcto de la oración. ¡Es más que interesante que ésta es la única oración en las Escrituras dirigida a un santo! ¡No debes olvidar que esta oración fue hecha en el Infierno! Sólo Dios puede contestar la oración y solamente a Él deberá dirigirse la oración. ¡Oh, que los que practican sus oraciones a "la Madre de Dios" o a algún otro "santo" sean corregidos por esta petición infernal! 
     Él pidió el libertador equivocado: "envía a Lázaro" (v.24). Lázaro estaba ya entre los benditos, que habían llegado al fin de toda hambre, sed, lágrima, y de todo dolor (Apoc.7:15-17), pero él no pudo aliviar el sufrimiento del rico. ¡Y tampoco pueden los demás santos que están en el cielo! Él no pudo superar ni cruzar la "gran sima" entre él y los condenados (v.26). Dios envió, en el cumplimiento del tiempo, al único Salvador, Jesucristo Su Hijo. Él se extendió sobre la "gran sima" entre Dios y el hombre cuando participó de sangre y carne (Heb.2:14). Él vivió una vida perfecta y satisfizo activamente todo lo que la ley de Dios demandaba de nosotros. Al ir al Calvario, Jesús cargó nuestros pecados en Su propio cuerpo, tendiéndose como un puente sobre la gran sima entre nuestro pecado y la justicia de Dios. ¡Habiéndole ignorado y rechazado, no existía más esperanza para este hombre, ni para ningún otro! ¡En vano busca un pecador consolación en cualquier otro nombre, si no la busca en Cristo (Hech.4:12)! 
     Él buscó el agua equivocada: "envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua" (v.24). Aun si Lázaro hubiera podido cruzar y hacer lo que pidió el rico, ¿de qué le habría servido tal agua? ¿Cuánto beneficio habría obtenido al refrescarse momentáneamente en aquellas llamas? ¡Oh! que hubiera pedido y recibido mientras vivía en la tierra el Agua Viviente que sólo Jesucristo puede dar (Jn.7:37-39). ¡Entonces su alma habría sido refrescada y saciada eternamente!

La respuesta a esta oración nos advierte solemnemente.

     ¡Debemos temblar al ver que la respuesta dada a esta oración hecha desde el infierno es nada más que una burla! Esto no debe sorprendernos, puesto que la burla es exactamente lo que Dios ha prometido a tal forma de oración. "Por cuanto llamé, y no quisisteis oír, Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, Sino que desechasteis todo consejo mío Y reprensión no quisisteis, También yo me reiré en vuestra calamidad, Y me burlaré cuando os viniere lo que teméis" (Prov.1:24-26). Fíjate como cada parte de la respuesta de Abraham es una burla.
     Abraham le llamó "Hijo" (v.25). El rico sí fue hijo por ser descendiente en la carne, pero no del espíritu. Fue hijo de Abraham por el primer nacimiento, pero no hijo de Dios por nuevo nacimiento. Mencionar esta relación natural ahora que estaba en las llamas del infierno fue sin duda una burla. ¡Muchos de los miembros de las iglesias que han sido bautizados, sin ser salvos, serán igualmente burlados un día!
     Abraham le pidió acordarse: "acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males" (v.25). ¡Qué amargos recuerdos habrá en el infierno! Esto es algo que el rico no quería hacer, ni querrá hacerlo cualquiera que vaya allá. Su estado presente es resultado de haber vendido su alma al precio de los "bienes" que disfrutó mientras vivía en la tierra. Aquellas cosas que le eran muy apreciadas, banquetes, vestidos finos y cosas semejantes, ahora le burlan amargamente al recordarlas.
     Abraham le dirigió considerar lo que había perdido: "ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado" (v.25). Ni una vez en la tierra había pensado ligeramente siquiera cambiar su posición con la del mendigo Lázaro. ¡Pero ahora daría todas sus riquezas por hacerlo!
     Abraham le dijo que el infierno es para siempre: "una grande sima está constituida entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá" (v.26). ¡Ir al infierno es estar allí para siempre! Nunca habrá esperanza de un mejor día, o de alivio de los tormentos de aquel gran abismo. Esta verdad terrible burlará a los habitantes del infierno por la eternidad.
     Finalmente Abraham le enfatizó que los vivos deben oír con corazón sumiso la Palabra de Dios: "A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos" (v.29). El rico pidió que Lázaro fuese enviado a sus hermanos vivos con un mensaje de advertencia. Pero Abraham respondió que ya tenían el Antiguo Testamento de las Sagradas Escrituras, y que la Palabra de Dios es el mensaje de advertencia enviado de Dios, y suficiente. Estimado lector, ¡mientras vive, escuche a la Palabra de Dios!

 

"Los malos serán trasladados al infierno, Todas las gentes que se olvidan de Dios" (Salmo 9:17).

"Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mateo 16:26).

"Al que no conoció pecado, por nosotros (i.e. Dios el Padre, al Hijo Jesucristo) lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:21).

"Arrepentíos, y creed en el evangelio" (Marcos 1:15).

"Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros" (1 Tesalonicenses 5:10-11).